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lunes, enero 15

Recordando a Harry Potter veinte años después

POR LISSETTE MONTILLA

Cuando pienso en Harry Potter no puedo evitar recordar mi infancia, recordando así los días en que tenía tiempo para pasar toda una tarde leyendo y perdiéndome entre las páginas de los libros. Cuando compré La piedra filosofal descubrí junto con Harry no solo el mundo de la magia, sino también el de las letras.

Con rapidez y una enorme curiosidad fui conociendo poco a poco la vida del joven Harry Potter. Como por azares del destino queda huérfano y a merced de sus despiadados tíos, y en su cumpleaños número 11 le dicen que es nada menos que un mago.

El libro desde el principio busca la simpatía del lector ante las injusticias con las que tiene que vivir el protagonista. Sorprendentemente, a pesar del claro maltrato infantil al que está sometido (como dormir debajo de las escaleras) no vemos a un niño amargado o rebelde, sino todo lo contrario, alguien siempre dispuesto a ayudar a los demás, amable, caballeroso y con un enorme sentido de hacer siempre lo correcto.

A partir de su inclusión al mundo mágico, se va desarrollando una serie de peripecias para demostrar que él es digno de un lugar en el mundo de sus padres. Con la ayuda de quienes se convierten en sus inseparables amigos, Ron y Hermione, vemos junto a Harry valores como la amistad y el amor, como fuerzas que lo vencen todo, incluso al mago más poderoso del último siglo.

Este niño flacucho, desnutrido, con los lentes rotos, se va convirtiendo en un amigo más de nuestra infancia. Quienes crecimos con “el niño que vivió”, nos hemos visto identificados con los personajes, llegando así a sentir lo que ellos sienten, reír con los momentos graciosos, llorar con los más tristes, angustiarnos en los momentos de peligro, y sentir el alivio cuando todo ha pasado.

Con cada página, sumergirse en este mundo tan maravilloso hace posible desconectarse de la realidad. Como cuando Gryffindor gana la copa de las casas y recuerdo aplaudir y gritar como si estuviera ahí. O como cuando al llegar al final de cada libro y se revelan todas las cosas, decir: “¡Pero cómo no lo vi antes, es tan claro!”, y darte cuenta de que Hermione ya lo sospechaba. O entristecerse con cada cosa mala que pasaba, como la muerte de Sirius o la de Dumbledore (recuerdo que lloré tanto que mi mamá al verme se preocupó por que creía que me sentía mal o algo). Sin duda Harry Potter ha sido un referente muy importante en la vida de muchos, ha sido quien nos ha iniciado en la lectura. Y cómo olvidar las lecciones invaluables que nos ha dado a través de personajes como Dumbledore con su célebre frase en el primer libro durante la conversación con Harry en la enfermería: “Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura”, o el discurso que dio después de la muerte de Cedric en el cuarto libro que dice: “Recordad a Cedric. Recordadlo si en algún momento de vuestra vida tenéis que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo, recordad lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de Lord Voldemort”. Palabras como esas son las que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas.

miércoles, enero 3

Lia Wyler, autora de Harry Potter


El día que se habló de Harry Potter en mi clase de traducción literaria, no entendí casi nada del debate: parecía una pelea, uno opinando mientras hablaba el otro, negaciones, desacuerdos, y un montón de palabras que no me sonaban a nada: Lufa-lufa, Sonserina, Corvinal, quadribol.

Hasta ese momento, todos habíamos escuchado en silencio los proyectos de los otros: traducciones comentadas de autoras cariocas del siglo XIX, críticas a las traducciones brasileñas de las novelas negras de Suecia, de los cuentos de Chuck Palahniuk, de La flor púrpura de Chimamanda Adichie, de la traducción al español de Guimaraes Rosa.

Todo acabó cuando uno de mis colegas presentó su proyecto de maestría: Harry Potter y la traducción de sus neologismos en Brasil. Fue la primera vez que escuché el nombre de Lia Wyler, mientras unos y otros en la clase la criticaban o la defendían. Casi a gritos. Sin escucharse. No se me había ocurrido que en Brasil una traductora podía levantar tantas pasiones como un equipo de fútbol. Pero la pasión era sólo con ella, con Lia Wyler, la traductora que mis colegas de clase habían crecido leyendo. Y criticando.

Un año después leí, en la clase de Historia de la Traducción, su libro Línguas, poetas e bacharéis. Ahí supe que Lia Wyler no era sólo la traductora más famosa/odiada/amada de Brasil: era la primera académica que había escrito un libro sobre la historia de la traducción en su país. Un libro de consulta en todas las facultades de traducción de Brasil.

Aquel día en la clase de traducción literaria, la discusión se dividía entre quienes encontraban genial el trabajo de Wyler —inventó para el portugués 989 palabras nuevas, correspondientes a las que J. K. Rowling creó en inglés— y aquellos que la acusaban de no haberlo hecho bien a lo largo de los siete libros de la serie publicados por la editorial Rocco. O que la criticaban por no respetar los términos originales, como hicieron los traductores a otras lenguas.

Ese día, después de clases, una colega me explicó que Crookshanks (piernas dobladas, en traducción libre) se llamaba Bichento (un término usado en la región nordeste de Brasil para referirse a alguien con las piernas torcidas). Y que el famosos Quidditch se llamaba Quadribol. Que a los muggles, Lia Wyler los llamó trouxas (algo así como tontos) y que Slytherin se llamaba Sonserina (una mezcla de sonsa y ferina, falso e hiriente), Gryffindor era Grifinória, Lufa-lufa (que en el diccionario se traduce como agitación) era Hufflepuff y Corvinal era Ravenclaw, ambos términos jugando con la palabra cuervo: corvo, raven.

Y que el Knight Bus un juego de palabras entre bus, caballero y noche se convirtió en el Nôitibus Andante Busnocturno Andante, en traducción libre y que la poción para hacer crecer los huesos, Skele Gro (juntando skeleton [esqueleto] y growth [crecimiento]) se llamó Esquelesce (mezcla de esqueleto y cresce [crece en portugués]). Que Ron se llamaba Rony, que Ginny se llamaba Gina, que James Potter era Tiago Potter, que Bob Odgen se llamó Beto Odgen, que Tom Marvolo Riddle pasó a ser Tom Servolo Riddle para poder completar el acertijo del final del libro, que el Billywig era Gira-Gira, que Bill se llamaba Gui, que el Head-boy era el Monitor-chefe y que a la snicht se la llama pomo en los libros de la editorial Rocco.

También supe que ya se habían escrito varias tesis sobre la decisión de Wyler de no darle un acento rústico, del interior, al personaje Hagrid. Luego leí una entrevista suya con Folha de Sao Paulo en la cual defendía su decisión de no escoger un acento especial. “¿Qué acento debía usar? ¿Del habitante de las favelas cariocas? ¿Del campesino paulista o minero? ¿Acento nordestino? ¿Acento marginal? Eso desvirtuaría al personaje, que en vez de ser un 'rústico' inglés, entraría en crisis existencial hablando un patois ajeno a su ambiente".

De la discusión de aquel día, me quedó la impresión de que una parte de la clase se sentía dueña del texto y, por eso, criticaba las decisiones de la traductora. También me sorprendió que algunas de las críticas venían de la comparación de la traducción de Wyler con los libros de Scholastic, la editora estadounidense. Era pasar por alto que los libros de Scholastic son adaptados de los originales británicos, publicados por Bloomsbury Publishing, para adaptarse mejor al mercado. Hasta el título del primer libro, Harry Potter and the Philosopher’s Stone, fue cambiado a Harry Potter and the Sorcerer’s Stone, lo que causó que los británicos gastaran la broma de que el título había sido cambiado porque en EE.UU. no hay filósofos.

La discusión que presencié entre mis colegas me dio la impresión de que desconocían las adaptaciones que se hacen en los grandes mercados y que, incluso, son la regla en la literatura en portugués: en Brasil adaptan los libros de la mayoría de autores portugueses y en Portugal hacen lo mismo con los libros de autores brasileños. Me di cuenta luego de que no era así. A mis colegas no les faltaba información: hablaban desde la pasión de la infancia y dejaban que esta nublase su lógica de académico.

Al final de aquella hora, el profesor nos dijo, medio en serio y medio en broma, que el traductor hacía sus elecciones según lo que le daba la gana. Y llamó la atención a la clase sobre el hecho de que una traducción es también una traducción de culturas, en la que ambas partes involucradas impone límites a la otra; es decir, el traductor debe optar. Escoger. Tomar una decisión y ser consecuente con ella.

Anna Buarque, contratada por la editorial Rocco para contestar las cartas de los fans de los libros, contó en una entrevista con Fausto Magazine que los niños y jóvenes lectores se sentían tan autores como J. K. Rowling y tan buenos o mejores traductores que Lia Wyler. “Eran emails y cartas indignados cuando un personaje moría, cuando no les gustaba la traducción de este o de aquel término. Por lo que podíamos ver por los emails que llegaban, gran parte de los lectores leía el original y la traducción”.

Lia Wyler tenía cuarenta años en 1974, cuando entró a la universidad para obtener su título en Letras, cinco años después de haber comenzado a trabajar en la traducción editorial. Luego hizo su maestría en Comunicación, defendiendo la tesis La traducción en Brasil, en la cual habla de la condición de “invisibilidad” del traductor. Una ironía para quien se convirtió en la traductora más famosa de su país.

El inglés lo aprendió en el colegio, donde además de portugués, había clases de latín, francés, español e inglés. Desde los doce años tuvo amigos ingleses. Había salido del colegio, se había casado con un hombre en cuya familia sólo se hablaba inglés, fue madre, trabajó para embajadas y empresas estadounidenses y vivió en Europa antes de inaugurar su segunda vida, la de traductora profesional.

Antes de J. K. Rowling, había traducido a Henry Miller, Joyce Carol Oates, Margaret Atwood, Gore Vidal, Tom Wolfe, Sylvia Plath y Stephen King. Y fue presidenta del Sindicato Nacional de los Traductores, de 1991 a 1993. Cuando la editorial Rocco compró los derechos de traducción para los dos primeros libros de la saga, Lia Wyler acababa de recibir un premio por la traducción de The It-doesn't-matter Suit de Sylvia Plath, publicada por la Rocco. “Eso y mi conocimiento de la cultura británica hicieron que yo fuese una elección natural”, declaró ella a la revista Veja.

De las sesenta y siete traducciones oficiales de Harry Potter (incluyendo las versiones para los Estados Unidos y para los mercados portugués y brasileño, y tanto en griego antiguo y moderno) sólo la traductora brasileña reinventó los términos para su lenguaje. Si en español encontramos la mayoría de los nombres y las palabras inventadas en inglés, casi sin cambios, en la traducción de Brasil la ambición de la traductora acercó el mundo de Harry Potter al lenguaje local.

Las polémicas fueron muchas durante los diez años en que Wyler tradujo Harry Potter: además de los siete libros, también tradujo Los cuentos de Beedle el Bardo, Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Quidditch a través de los tiempos. Pero ella contó con la autorización —y los elogios públicos— de J. K. Rowling, por los riesgos que tomaba en su trabajo. Pero cada vez que salía un nuevo libro, los lectores volvían a escribir a Rocco para protestar por los nombres de las escuelas o los personajes.

A esto, Wyler respondió en una entrevista con la página web Omelete lo siguiente: “Tengo la impresión de que las personas que insisten con ese tema no se dan cuenta de que Harry Potter y la piedra filosofal fue escrito para niños de siete a doce años, que no saben el suficiente inglés como para entender el humor que los nombres contienen. La influencia del inglés en nuestro día a día no es suficiente para que todos los lectores perciban el significado de los nombres. Por otro lado, las decisiones tomadas en el primer volumen de una serie son obligatoriamente mantenidas hasta el último volumen. Las personas que aún hoy critican, ciertamente no leyeron con atención las explicaciones que vienen siendo dadas desde el año 2000”.

domingo, marzo 5

Cabeza contra cabeza

POR NELLY MARRIOTT

El nombre nace como un adjetivo provocador, un palíndromo fonético. Significa frente a frente, una cabeza contra otra. Cecilia Velasco, fundadora y editora de la nueva revista cultural tête-à-tête, descubrió que, por derivación, también se refiere a un sofá para dos con respaldares opuestos. Ella dice que “la idea es (hac)ser(se) 'afrancesado', con la ironía y el cinismo de reconocerlo”.

Tête-à-tête sugiere utilizar todo lo sensorial para captar las diferentes expresiones del arte. La primera edición, llamada #0, fue lanzada el 16 de enero del presente año y las reacciones que tuvo el público fueron preguntas estimulantes con mucha apertura. Para leer la revista se necesita paciencia, ir desplazándose de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba. No solamente hay textos sino también imágenes y videos. Para que los lectores puedan absorber todo el contenido, sin embargo, deben contar con un servicio de internet veloz; esto es por la gran cantidad de información que incluye el audio y lo visual.

Tras el lanzamiento, su fundadora espera recibir más comentarios, artículos de desconocidos, obras de arte singulares. Colaboraciones que se caractericen, según Velasco, por tener la suficiente sustancia como para permitirse parecer inocuas. "Ansiamos alguien que fotografíe o haga moda desde un sentido contestatario, pero de valor estético. No nos estorba la frivolidad de la moda, pero tampoco creemos que sea patrimonio de élites conservadoras". Además, por supuesto, espera atraer auspiciantes.

La edición #1, lanzada el 24 de febrero, confirma la postura que Cecilia Velasco propuso desde el inicio de la revista. Esta segunda publicación reúne a artistas mujeres, no solo en poesía, como Carmen Váscones, sino también en música, como Paola Proaño. En lo audiovisual, presentan un flashback de celebridades llamado The Blondies Project, realizado por María Dolores Sevilla. También, un texto sobre la película Alba, de la cineasta Ana Cristina Barragán, y pinturas de la artista plástica Paula Barragán.

¿Cómo se inició Tête-à-tête? Cecilia Velasco cuenta que fue un arranque de ideas y diatribas que nacieron de la frustración, pero resultaron en propósitos y obras. Aunque armar la página web fue lo que más tiempo consumió: el proceso duró alrededor de dos meses, los últimos de 2016. Las primeras colaboraciones que llegaron fueron las de la artista visual Pilar Flores y las de la fotógrafa Marcela García. "Una vez editado el vídeo promocional y ajustado detalles, lanzamos la página", mencionó Cecilia. Asegura que el fin no es la urgencia por generar contenido, sino la búsqueda de material para ser releído.

El diseño de la página principal es novedoso: el índice o tabla de contenidos está fusionado en una especie de prefacio editorial. En el índice aparecen también enlaces que conectan a otras páginas relacionadas con los temas tratados. "La parte digital es un trabajo artesanal pero costoso aún. Si resiste la metáfora, somos como los copistas medievales que no sabían que ya existía la imprenta", agrega Velasco.

El financiamiento inicial se dio a través del sitio web Indiegogo, donde se permite promocionar una idea creativa publicando la cantidad de dinero que se requiere. En internet se puede lograr con más facilidad lo que antes era imposible: convertirse en un medio de transmisión de ideas de la noche a la mañana y en este caso con quinientos dólares. Luego, las colaboraciones fueron auspiciosas, y  el capital inicial se consiguió en poco tiempo. Sin embargo, la revista no tiene asegurado su futuro, lo recaudado en Indiegogo servirá para los próximos doce meses. Los colaboradores, por lo pronto, donaron su creatividad.

La revista busca a gente cuestionadora pero sin complejos para reactivar las inquietudes y generar el diálogo sobre los temas propuestos. Se intenta rescatar la crítica literaria y artística de los grupos convencionales con fuerza patriarcal. Y se busca que este medio digital refleje el feminismo como un signo de modernidad y humanismo. Tête-à-tête, desde su contenido, su diseño y su estructura, es un proyecto ansioso por exponer a escritores y artistas contemporáneos dirigidos a un espacio plural.

sábado, diciembre 10

Museo Nómada: El arte abandona el edificio


El primer museo nómada debutó en Nueva York en 2005. La idea vino de Gregory Colbert en 1999. Él es un cineasta y fotógrafo estadounidense que concibió la idea luego de varias exposiciones en diferentes lugares a los que, sin necesidad de ser galerías de arte, podía darles la ambientación necesaria para sus fotografías. El juego de la luz, los paneles, los pilares, la madera, se convirtieron en lienzos perfectos para mostrar su arte. Y aquello era una idea innovadora, mágica. ¿Por qué quedarse con un museo normal si se puede tener uno nómada?

En agosto del presente año se inauguró el Museo Nómada en Quito, un “espacio invisible para pensar en arte contemporáneo, hacer exhibiciones pop-up y organizar complots para rehacer tejidos urbanos maltratados”, como dice en su página de Facebook. Es un museo que no se detiene a menos que sea para ser visitado. “Nosotros nos enmarcamos dentro de esas líneas lúdicas y críticas para pensar en nuestro proyecto. Además, estamos empezando una relación con The Contemporary, un museo nómada de Baltimore. Los museos nómadas tienen que ser amigos entre sí”, dice Ana María Garzón, curadora y profesora de arte contemporáneo de la Universidad San Francisco de Quito.

Todas las obras en este museo itinerante son producto de artistas de bajo perfil en Ecuador; y justamente es este su objetivo: mostrar, poner en escena, obras de autores desconocidos o emergentes que necesitan ser vistos. El arte expuesto en el Museo Nómada dialoga muy bien con ciertas inquietudes de las escenas artísticas nacionales, procesos investigativos que van más allá de la formalidad.

La idea de montar el museo nació de la propuesta de la alcaldía de Quito de elaborar un proyecto en el que los artistas pudiesen dar a conocer sus obras. Su efecto sería que los ciudadanos se acerquen a la cultura de formas innovadoras, hacer a Quito más atractivo y promover el arte contemporáneo tantas veces subestimado. Rosa Jijón, Jaime Izurieta y Ana María Garzón, fueron los elegidos para llevar a cabo esta tarea en la ciudad.

El proyecto, sin embargo, quedó estancado y casi olvidado por la alcaldía. Esto no desanimó a los gestores de la operación y la idea persistió. Después de mucho trabajo decidieron convertir su proyecto de un museo de arte contemporáneo, en un museo contemporáneo de arte, que además es nómada. “Nos dimos cuenta de que nuestra propuesta no necesitaba paredes y que podíamos encontrar formatos sencillos de intervención, ocupando lugares ya existentes, con dinámicas propias, que interrumpimos con nuestras actividades”, cuenta Garzón para una reciente entrevista a la revista Artishock. Ana María también señala que encontraron un formato más viable, “un museo que funcione como caja de herramientas y nos permita simplificar las tareas del museo, no tener la atadura de un edificio y los costos que implica, y armar un museo portátil, lúdico, crítico”. A su vez, indica que tienen tres líneas fundamentales de trabajo, las cuales son: comisión de obras, organización de conferencias y charlas e intervenciones pop-up.

Su primera exposición fue en el marco de Hábitat III, en donde posicionaron al Museo Nómada como una entidad dinámica y sin grandes enunciados previstos, sino acciones potentes. Los artistas intentaron rescatar un enfoque diferente de la ciudad y exponerlo sin cumplir procesos burocráticos. Para la construcción de la muestra llamada Derivas, siete artistas caminaron por distintas zonas de Quito y regresaron con imágenes que los ayudaron a crear mapas críticos o mapas de comunidades. Este museo también intenta sacar a la luz temas controversiales que no son bien vistos en la sociedad actual, pero deben ser visibilizados. Está, por ejemplo, el trabajo de Fabiano Kueva, llamado Sketch para un mapa marica 1985-1992, que a través de una serie de fotos retrata la comunidad GLBTI de la ciudad de Quito, sus modos de ser visible, de nombrarse, de agruparse. En el cuadernillo Derivas, Wendy Ribadeneira, artista visual, que también participó en la misma exhibición, nos relata que la ciudad es el Museo Nómada, el cual “invita a cada observador a crearse un guión en su cabeza y a proponer una relación propia con el espacio urbano. El museo transforma a cada uno de sus usuarios en urbanistas, y la revolución urbana empieza por ahí”.

El público que asistió a la muestra Derivas fue diverso, y eso es una buena señal para el futuro del museo, puesto que no estuvo cerrado a la mirada de los expertos ni del público en general. Lo más interesante que ofrece el proyecto no es asistir a un lugar sino a una experiencia, y esta puede ser activada en diferentes sitios y de distintas maneras, como una forma migratoria, con estrategias complejas. Fabiano Kueva, como espectador, mencionó que la austeridad de las obras y la disposición de los procesos facilitó el acercamiento, no hubo grandes enunciados ni textos agobiantes, dejó un aire para que se produzca una relación libre sin el peso de una mirada dirigida. La exhibición fue en la galería Más Arte, de Gabriela Moyano, y también han tenido charlas en Casa Warmi, Pata de Gallo, Librería Rayuela y la Universidad San Franciso de Quito (USFQ).

El financiamiento no ha sido sencillo, con el proyecto Derivas ganaron un grant de producción creativa de la Universidad San Francisco de Quito con el que se apoyaron, también con el auspicio de Diners Club y los fondos recaudados gracias al Club de Amigos del Museo Nómada (colaboración de siete donantes vía Indiegogo). Sin embargo, el museo quiere continuar con su dinámica nómada: yendo de un lugar a otro. “Estamos armando la agenda para el 2017, vamos a llevar nuestra primera muestra, Derivas, a Cuenca y Guayaquil.” indica Ana María.

¿Por qué no quedarse con un museo normal? El espacio como forma experimental muestra exhibiciones creativas y críticas, expandiendo los factores contextuales, afectivos y estéticos. Es una idea muy interesante en un país tan cambiante como el nuestro, en el que la gente busca salir de sus actividades rutinarias. Es, sin duda, una actividad indispensable en estos momentos en donde las instituciones culturales se hallan con poca capacidad (¿disposición?) para responder a diversas dinámicas locales. Este espacio impredecible y temporario, invita a ser alcanzado a donde vaya. A seguirlo, alcanzarlo y apreciarlo. 

martes, noviembre 22

Registros cortopunzantes: la poesía de Andrea Crespo y Paulina Briones

POR NELLY MARRIOTT

Este año las escritoras guayaquileñas han estado en la cima de los concursos de poesía. Andrea Crespo Granda (Guayaquil, 1983) y María Paulina Briones (Guayaquil, 1979) ganaron los premios nacionales Aurelio Espinosa Pólit y el Ismael Pérez Pazmiño, respectivamente. ¿Por qué sus textos despuntaron?

El poemario de Andrea Crespo (directora de Artes Literarias y Narrativas del Ministerio de Cultura) titulado Registro de la habitada fue enviado al concurso bajo el pseudónimo de Hans Lucas II, y elegido entre 166 participantes. Este premio lo entrega hace 41 años la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. El jurado estuvo conformado por los escritores César Carrión, Andrés Cadena y María Auxiliadora Balladares quienes buscaban textos de alto nivel en  imágenes poéticas. De acuerdo a la opinión de María Auxiliadora Balladares, el poemario ganó debido a su alto nivel de intertextualidad, interdiscursividad y radicalidad con el lenguaje, también la fuerte inclusión del pensamiento posmoderno y posestructuralista contemporáneo. Para la escritora fue una sorpresa su triunfo porque considera que está alejada de la formalidad de los medios literarios. Según Crespo, su poesía es más cercana al neobarroco y a la experimentación literaria, a través de diálogos entre diferentes expresiones artísticas (música, cine, teatro) que se salen del margen de lo que se considera literatura y se adentra  en la exploración de sus reflexiones sobre el pasado. Según la autora, "en conjunto (sus textos) confluyen en una apuesta personal por emplear el lenguaje desde la dialéctica extrañeza/proximidad".

En un artículo de la revista Rocinante, Andrea Crespo cuenta que comenzó a construir el texto desde el 2014 como un registro de acontecimientos "para recordarme que estaba viva en un momento que empecé a tener problemas con el lenguaje (…) cierta especie de olvido de las palabras y de las emociones". Actualmente, está trabajando en otros proyectos de escritura: Influencia Americana, Libro Hémbrico y Matinée (el cinematógrafo tropical). "El Aurelio llega en un momento en el que estaba pensando en la no publicación de mis textos, pues el tema de la edición es agotador y a veces te aparta de lo verdaderamente importante que es la escritura, la lectura y el ejercicio crítico". Con este premio, Crespo se siente "llena de mucha fuerza y confianza para poder llevar a buen puerto los otros proyectos de escritura".

María Paulina Briones, periodista, directora de la Casa Morada y docente en la Universidad de las Artes, ganó un premio muy prestigioso que no se otorgaba desde hace 20 años y que el Diario El Universo volvió a convocar en 2016. Tratado de los bordes o la cercenación del estero se llama el poemario con 26 páginas merecedor del premio Ismael Pérez Pazmiño. El poemario fue entregado con el pseudónimo de Carmilla y fue distinguido entre 132 trabajos leídos por un jurado conformado por los escritores Jorge Dávila Vásquez, Fernando Balseca, Maritza Cino Alvear, Siomara España y la crítica literaria Cecilia Ansaldo. Ellos buscaban una obra con unidad temática, una acertada coordinación de ideas, palabras, frases del tema tratado y un profundo lirismo.

En una entrevista con  diario El Comercio, la autora señala que "se llama así porque hay instrucciones de uso de utensilios cortopunzantes y se va diseccionando un cuerpo que comparo con el estero". Por otro lado, el nombre estero es otorgado porque creció cerca de él y también porque es un símbolo de la ciudad que habita, Guayaquil. El libro comenzó a ser escrito en 2014 y la idea surgió cuando se encontraba en Buenos Aires. María Paulina tiene como influencia poética a las uruguayas Idea Vilariño, Amanda Berenguer, Ida Vitale. "Yo escribo desde siempre, la poesía no se me hace extraña si a eso añado que leo poesía, ahora más todavía que antes".

Siomara España indica que el jurado se interesó en el tema poético del cuerpo desde la mirada dolorosa que la escritura fue construyendo en el fondo del poemario, con instrucciones de cortes, disecciones que metaforizadas golpean dentro del poema y en el espíritu del lector. También recalca que ahora último se ha visto cómo, sistemáticamente, dentro de la poesía se están privilegiando otras exploraciones hacia territorios más potentes. "Se debe observar que el escenario de lo erótico ya está superado, y que la búsqueda no es la del placer per se, sino del establecimiento de diálogos con el entorno, con lo cotidiano e inesperado, siempre desde lo lírico y no desde lo crucigramado". Briones también es directora del sello editorial Cadáver Exquisito. Sobre el premio, agrega que "en general, no solo este premio, siempre es recibido con asombro (…) El Ismael Pérez Pazmiño es, por supuesto, un premio prestigioso que ha sido ganado por escritores notables, y haberlo ganado suscita más preguntas en mí que respuestas".

Es muy interesante la coincidencia que en 2016 dos escritoras guayaquileñas y coetáneas hayan ganado prestigiosos premios nacionales. No es novedad que aun en espacios patriarcales las mujeres ganen premios literarios, pero es evidente que ahora se están asimilando otras posturas y miradas en cuanto a la aprehensión, valoración y participación de la mujer en diversos escenarios. Premiar este tipo de proyectos significa una real apuesta por las nuevas voces. Muy aparte de que sean voces femeninas, son poéticas novedosas y radicales.

Fragmentos de los poemarios ganadores

De Registro de la habitada, de Andrea Crespo:  


(enero)

miro los cuerpos en su desborde natural de insinuaciones. Extremidades blandas que transitan en el humor de luces y diafragmas.- órganos fundamentales que no requieren oblicua saña, cazadores del polvo  y la duna; del instrumento del músculo. 
Cuerpos con tickets y naftalina asegurando venturas de segundos en donde brota un  rosetón de sangre con dentadura de cal

bajo los arbustos,
cuerpos de niñas adiestradas en la confesión del espéculo  por la premura del pulgar.
Opuesta es la capacidad del gen en abrir la mano con fortaleza de trillones de años tecnificando el amor en confites y telenovelas, 
en frutos y cadáveres de peregrinaciones.
Una hilera de recipientes que contienen la mordida, los diminutos trozos del estómago segmentado en la fragua del estiaje.
Unto mi abdomen con trémulo ardor de un hombre-ojo que masculla kilogramos de hiatos.
¿saben las sombras del amuleto de la luz? 
Recipientes blancos y neones con partes de mi píloro incendiado

Ardían mis manos esa tarde, 
he quemado las sienes de profetas
he quemado los recordatorios.

(PRIMERA RELACIÓN SEXUAL)

El quicial corroído de polillas. La lógica de Turing 
descorchando universos paralelos, las dimensiones
de todos nuestros años se condensan en una mancha 
en el cielorraso de la casa familiar. Y en un accidente
(¿geológico?) tu juventud asesina a tus padres, corta
sus pulmones y enchufa sus piernas en castigo
inquisidor.
Tu juventud, muchacha, desangra el bazo de tu
Madre, asfixia el páncreas de los tíos, comprime
La foto de los ancestros, deja en estado síncope a
Los enterrados.

(AQUÍ APLAUDIR Y LLORAR Y AHUMAR EL 
RECUERDO DE LOS JUEGOS INNOBLES,
LAS TORTURAS A LOS PRIMEROS AMIGOS
DE LA INFANCIA)

Ahora recuerdas esas lanzas que enviaste contra las 
almas de otros niños
las mujeres que dejaste esperando en la cinemateca
o la librería estival.
Ahora la vergüenza es tu compañera de celda y a
ella le debes el recuento de cada año.
Pero no hay manera en la que seas cálido
y, sin embargo, este día serás guardado en la gloria
de cada río.


De Tratado de los bordes o cercenación del estero, de María Paulina Briones:


Teoría de la cercenación con diferentes utensilios


Puñales, dagas, cuchillos, flechas, agujas, bisturíes, hachas. Elementos cortopunzantes les
dicen. Introducirlas en la carne es una ciencia
y el puñal dispuesto que aguarda la mano que no tiembla

Objetos cortopunzantes, los hay.

“El filo o la punta que concentra la fuerza viva en una superficie limitada”

¿A dónde va el residuo?
única medida vigente en la memoria,
reducto indefinido.


Instrucciones para usar objetos cortopunzantes

El cuchillo tiene que tener filo. El filo es sublime.
Los guantes tienen que ser negros. La tortura se ejerce en negro y con guantes.
Hay que ser hábil en el manejo de los objetos, en el tamaño de los cortes, en la profundidad 
        de la penetración constante,

Como el calvo hundiéndose en la madera joven. 

Ni una sola gota vertida fuera de ese pozo,
ningún derrame externo que permita la germinación de posibles selvas y bosques.

La fecundación tiene que ser hacia dentro, es ahí donde nacerá el universo futuro.
          Confluirán ríos y montañas, los animales verán nuevamente la luz, la vida se 
          perpetuará incansablemente. 

No puede haber riego.
Lo único que habrá son gemidos, tal vez un poco de llanto.
El torturador sabe que no es cuestión de tiempo sino de estrategia.
Otras carnes nobles recibirán este trozo de brazo arrancado de mi cuerpo.

Noble es la carne que me alimenta; también la que me envenena.

Pronóstico: la muerte.

martes, octubre 11

Fabio Morábito: "La poesía es un apartamiento frente al uso prosaico e irresponsable del lenguaje"

POR ALEYDA QUEVEDO ROJAS

Fabio Morábito (Alejandría, 1955) es un hombre de profunda mirada y en sus obra está, cantada/narrada, su biografía. El mar, la madre, el viaje, el amor a Ethel, Milán, México. Un continuo peregrinaje, el no tener casa, volar, echar raíces. Los idiomas que laten y no se hablan con tanta frecuencia: el italiano, que late y duele como si se tratara de una extremidad que podría perderse en cualquier momento; la apropiación del castellano, que también late y duele pero desde la exploración y la libertad.

Había leído de Morábito varias decenas de poemas y un libro de relatos, Caja de herramientas. No lo conocía personalmente, nunca había visto su estampa mediterránea y bastante atlética hasta nuestro cálido y fluido conversatorio (con recital incluido) en la última feria del libro de Guayaquil ante un auditorio lleno que lo escuchó atento y emocionado. De ese encuentro nace esta entrevista especial para los lectores de Matavilela.

Abro esta entrevista con un poema de La ola que regresa (volumen que contiene su poesía reunida) que revela la música de su poesía, la que he devorado con absoluta concentración y devoción, como si de entrar a nadar en el mar a media noche se tratara. Cierro con otro poema que nos muestra al poeta de aguda y profunda mirada, al poeta que sabe, a fuerza de oficio, disciplina y entrega, dominar los pulsos y engranajes más complejos de la literatura. Morábito es un escritor que nos lleva de la mano por el sonido de la poesía y el arte de la contemplación. Su palabra es como una ola que regresa al alma con tanto brillo que es imposible extraviarse.

EN EL PASILLO,
mientras leo,
se abre una puerta y se cierra,
se abre y se cierra,
y yo espero que se acabe su agonía.
Dicen que cuando el aire
abre y cierra una puerta,
alguien muy cerca está en peligro.
Hay que prestar oído,
cerrar el libro que leíamos
y unirnos a ese rezo;
no levantarnos a cerrar la puerta,
sino quedarnos quietos y oír, oír
hasta sacarle alguna música al crujido. 

***

¿Cuál es el andamiaje y la estructura que traza en sus relatos, qué cosas son importantes comunicar? ¿Y qué maestros del relato admira y lee con fervor?
No trazo ninguna estructura, me guío por el instinto, dejo que la historia me muestre sus caminos y trato de elegir lo menos posible, aunque es forzoso hacerlo, y ahí está lo delicado, tomar las decisiones correctas. No tengo a ningún maestro como referente central. Hay tantos y tan buenos cuentistas...

¿Cree que la poesía tiene un poder sobre la sociedad? Siempre ha sido una forma esencial de expresión en la historia de pueblos y civilizaciones enteras: India, Grecia, Persia, África. La poesía ha estado incluso antes que la escritura. ¿Qué lugar le concede en este momento de globalización e hiperindividualismo? ¿Cree que la poesía tiene un poder moral en las sociedades actuales?
La poesía es, antes que nada, un apartamiento frente al uso prosaico y hasta cierto punto irresponsable del lenguaje. En ella el lenguaje alcanza su mayor potencia expresiva, no por lo que dice, sino por el poder igualitario que se da entre las palabras. En un poema todas las palabras, hasta las partículas más triviales, son importantes y necesarias. ¿Por qué? Porque no sólo dicen, sino también suenan. El sonido subvierte la primacía del puro significado y mezcla de nuevo las barajas. El oído es el gran igualador que rescata cualquier significado aparentemente intrascendente. Ese es el poder de la poesía, y no me consta que haya cambiado a lo largo del tiempo, siendo, como es, un poder mínimo, pero crucial. 

¿En qué idioma piensa, en español o en italiano? Sé que escribe en español, pero ¿cuál es su relación con el italiano, qué sucede con su idioma materno?
Pienso en español, pero el italiano me ronda con ciertas expresiones, ciertas imágenes, ciertos sonidos. Es un intruso tenaz, que no se deja expulsar fácilmente de mi cabeza.

¿Qué nos entrega la poesía, que quizá ninguna otra forma de arte o expresión artística nos da?
El asombro de que de la herramienta más pobre, que son las palabras, pueda surgir una emoción profunda. Increíble.

¿Qué escritores ecuatorianos conoce y ha leído?
No he leído a ninguno, me apena decirlo.

El ensayo y la traducción son dos disciplinas que también practica. ¿Qué reflexión le merece cada uno de esos oficios que completan su perfil de escritor? ¿Qué se pierde y qué se gana en el proceso de la traducción?
La traducción de poesía está condenada al fracaso la inmensa mayoría de las veces, pero existe la posibilidad de alejarse lo bastante del texto original como para crear un recinto autónomo que, sin aspirar a reproducir perfectamente el poema, lo evoque, lo adultere, lo manosee de alguna forma, hasta restituirnos algo de la emoción del original. El que no se atreve a traicionar no podrá traducir con provecho.

***

IN LIMINE
Por el perdón del mar
nacen todas las playas
sin razón y sin orden,
una cada mil años
una cada cien mares.

Yo nací en una playa
de África, mis padres
me llevaron al norte,
a una ciudad febril,
hoy vivo en las montañas,

me acostumbré a la altura
y no escribo en mi lengua,
en ciertos días del año
me dan mareos y vértigos,
me vuelve la llanura,

parto hacia el mar que puedo,
llevo libros que no
leo, que nunca abrí,
los pájaros escriben
historias más sutiles.

Mi mar es este mar,
inerme, muy temprano,
cede a la tierra armas,
juguetes, sus manojos
de algas, sus veleidades,

emigra como un circo,
deja todo en barbecho:
la basura marina
que las mujeres aman
como una antigua hermana.

Por él que da la espalda
a todo, estoy de frente
a todo con mis ojos,
por él que pierde filo,
gano origen, terreno,

jadeo mi abecedario
variado y solitario
y encuentro al fin mi lengua
desértica de nómada,
mi suelo verdadero.

miércoles, septiembre 7

Se pronuncia cotsía


En la película Diamante de sangre, Leonardo DiCaprio interpreta a un traficante que busca como sea hacerse rico y salir de África. Hacia el final, cuando yace herido en la ladera de una montaña, tiene una revelación al ver cómo se mezcla la sangre que sale de su cuerpo con la tierra rojiza que lo acoge. No hay otro lugar donde deba estar. Se lo insinuó antes su mentor, el coronel Coetzee: “Éste es tu hogar, nunca dejarás África”.

Es muy probable que no lo sea, pero quizás este coronel fue concebido a partir de la obra de su tocayo, el nobel J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940). En ambos hay audacia, lucidez, sensibilidad y, sobre todo, una dura determinación.

Coetzee (pronunciado “cotsía”) nació en una familia de afrikáners —descendientes de colonos holandeses— y ha dicho que desde el 1 de enero de 1970, cuando se encerró para comenzar su primera novela, no ha dejado de escribir nunca. Ése es su mito de origen, pero lo cierto es que antes, tras estudiar literatura y matemáticas, ya había publicado poemas en revistas universitarias y había experimentado con la poesía generada por computadora —tomar en cuenta que lo hizo al menos unos veinte años antes de que se creara internet y se popularizara el uso de la computadora personal.

La discreción y la seriedad de Coetzee son harto conocidas, pero una mirada atenta a su obra muestra que su vida y su tiempo ya están ahí desde el primer libro. Tierras de poniente, por ejemplo, ajusta cuentas con la figura paterna como La edad de hierro lo hace con la materna; en Desgracia están los conflictos del fin del apartheid como en Hombre lento están los ocasionados por la migración (Coetzee es ciudadano australiano desde 2006); y en casi todos: el Karoo, el desierto donde creció y que será siempre su hogar.

En la feria del libro de Guayaquil, Coetzee dará una conferencia sobre la censura y leerá dos capítulos de su próxima novela, The Schooldays of Jesus (continuación de su última novela publicada, La infancia de Jesús), todavía inédita incluso en su idioma original. Oportunidad única para escuchar a quien tal vez sea el escritor vivo más importante.

jueves, julio 14

Nadie lee nada

POR FABIO MORÁBITO*

Nadie lee nada

Un amigo mío me habla pestes de un escritor reconocido. Me dice que le parece tan malo, que no ha leído una sola línea suya. Le pregunto cómo puede sustentar su juicio si no lo ha leído, y me contesta: "Por puro olfato". Le digo que a mí me parece un escritor pasable. Lo digo por puro olfato, porque tampoco lo he leído. Seguimos discutiendo, él esgrimiendo sus razones olfativas y yo las mías. No es difícil imaginar a un escritor cuyos libros nadie ha leído y sobre el cual todos opinan por olfato. Su primer libro, por ejemplo, se publica gracias a su amistad con el editor, el cual, bien sea por olfato o por falta de tiempo, sólo hojea el manuscrito y luego lo entrega al corrector de estilo de la editorial, que no lo lee, sino que lo corrige, que es distinto. El libro, una vez publicado, da lugar a entrevistas hechas por periodistas que han leído sólo la contraportada, cosa bastante común, y es reseñado brevemente por reseñistas que también sólo han leído la contraportada. Se vende poco, pero no menos que otros. Los pocos compradores leen la contraportada y luego olvidan el libro en una repisa del librero, como ocurre a menudo. El autor publica un segundo, tercer y cuarto libro, que suscitan entrevistas, re­señas, ventas bajas y cero lectores. Al cabo de una década tiene una trayectoria sólida, pero nadie lo ha leído. Es más, ni él mismo se ha leído, porque, como suele referir en las entrevistas, escribe en estado de trance, de modo que apenas revisa lo que escribe. En resumen, el único que ha pasado reseña concienzuda a sus líneas es el corrector de estilo de la editorial, que no lo ha leído propiamente, sino corregido, por lo cual no representa una fuente confiable para saber de qué tratan los libros de nuestro autor. Entre más libros suyos se publican, más difícil se vuelve que alguien lo lea, porque ha alcanzado esa modesta notoriedad que en lugar de azuzar la curiosidad del público, la mata de raíz. En suma, es un autor, de tan invisible, perfecto. Un clásico. Y a su muerte sus libros acaban en las escuelas, donde, como es sabido, nadie lee nada.


La humillación

Con una frecuencia inusual para los parámetros de hoy los personajes de Dostoievski humillan y son humillados. Léase esta frase de El idiota: "Gabriel Ardalionovitch no se atrevía a presentarse en ninguna parte a causa de lo avergonzado que estaba por las humillaciones que había sufrido". Es una frase, por la naturalidad con que se profieren en ella palabras como vergüenza y humillación, inimaginable en una novela de hoy. Nuestra sociedad, que enarbola los derechos del individuo y ha hecho de la individualidad un santuario, ha perdido la costumbre de usarlas. Es como si fueran portadoras de una pestilencia insoportable y su sola mención nos toma indefensos. Preferimos palabras menos comprometedoras como discriminación, segregación, injusticia o, a lo mucho, vejación. El caso de un buen novelista como Coetzee es paradigmático. Escribió una excelente novela sobre la humillación y la tituló Desgracia. La palabra no hace justicia al libro. La desgracia es un golpe de suerte adverso, una merma de la gracia, pero ser humillados no tiene nada que ver con la buena o la mala suerte. La hija del protagonista, de raza blanca, es violada por unos jóvenes negros, en un claro acto de deshonra que es al mismo tiempo un acto de adopción de la víctima por parte de sus verdugos. Coetzee ha leído a Dostoievski y sabe que la humillación es un secreto reconocimiento del otro. Se humilla para incorporar, para ingerir, porque el humillado es parte de uno y no se puede humillarlo sin ponerse en su lugar, por eso sólo humilla aquel que ha sido humillado a su vez, o que teme serlo y quizá lo desea secretamente. La humillación mata pero también regenera. En este sentido, todo rito iniciático es una humillación, y la humillación, como ocurre a menudo en Dostoievski, es una forma radical de desprenderse de un yo gastado. Por eso puede decirse que aquel que nunca ha padecido una humillación no se pertenece realmente a sí mismo. Hoy, al cancelarla de nuestra vida, hemos perdido la confianza en una transformación profunda y ésta es quizá nuestra auténtica desgracia.
(*) Estos dos textos fueron publicados originalmente en El idioma materno (Hueders, 2014).